
Leo un artículo espectacular en El País sobre los cocineros
galácticos españoles (Berasategui, Arzak, Adriá y toda la basca). Aparece un tal Jordi Roca preparando con una especie de soplete (fabricado
ad hoc según un artilugio visto en una peli de Tarantino) una burbuja de caramelo transparente en la cual se introduce humo de brasas de leña de encina. La idea es que el comensal rompa la burbuja y aspire el humo... Luego, a lo largo del artículo, se menciona que para apreciar esta cocina hay que ser una persona sensible, evolucionada, emocional y culta... Mi Charo ve la foto y dice
hay que ver cuántas cosas nos perdemos por no tener perras. Da igual. Es abril y, como es sabido, según
Eliot, éste es el mes más cruel, porque hace crecer lilas de la tierra muerta, y mezcla la memoria con el deseo.
Pues va a ser que no. Ha llegado la primavera (término murciano para
verano) y, en cuestión de dos semanas, ahí vamos todos por aquí en camiseta. El aire huele estupendamente bien, el calor amuerma un poquito... se generaliza una sensación de bienestar a la altura de la panza... para la tercera edad el invierno, época de preocupaciones, temor a la gripe y otras enfermedades, problemas para abrigarse, claustrofobia e inquietud general, da paso a la primavera, el momento para sentarse en el parque, dejar que te dé el lorenzo en la cabeza y estar tranquilo... justo al revés que en la adolescencia... yo también tuve una adolescencia eliotiana... nada más que de pensar el efecto que me hacían las invasiones de escotes femeninos, polen y hormonas me pongo malo... A veces es bueno ser un viejo de mierda, como viene a decir el anuncio del Renault Laguna.
¿Más placeres? La antología de
poetas argentinos de Babab. Alucinante. Cojamos (en el sentido hispánico del término, no en el otro) a la caterva de poetas españoles jóvenes de, por ejemplo, la última antología de Hiperión, y comparemos... No tenemos nosotros ni
Griselda García ni
Marina Mariasch, poetas que dan de sí para toda la primavera.