Preguntado Tom Wolfe por las razones que le hacen apoyar la invasión de Irak, esgrimió el argumento de que "los izquierdistas sustituyen el pensamiento por la indignación", como si la oposición a la guerra fuese un acto visceral, poco reflexivo e ilógico, ante una operación de ocupación fruto de una mente (pre) clara en posesión de una amplia dosis de sangre fría. Todo esto lo dice a lo largo del ciclo promocional de su última (y larguísima) novela, Soy Charlotte Simmons, tal vez para alejar la atención sobre la poquita calidad de la misma, que es un ejercicio vagamente satírico y escasamente creíble sobre los estudiantes de las universidades norteamericanas. Esta teoría tan yanqui que refleja el neoconservadurismo beligerante como portavoz de la luz de la razón en el mundo, y a los movimientos pacifistas como pandillas de hippies fumados entonando eslóganes demagógicos con faltas de ortografía la destruye, fulmina, derrumba, quema, reduce a polvo (y además sin proponérselo explícitamente) Javier Cercas con sus dos novelas bélicas, Soldados de Salamina y La velocidad de la luz. Esta última es la que acabo de leer y la que me ha hecho pensar en el absurdo de Wolfe que he comentado antes.
Autor: Ella y su orgía
Fecha: 10/05/2005 23:41.
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