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Éste es un plato fácil de preparar y al mismo tiempo cargadito de sugerencias, complejo (hasta donde pueden serlo los macarrones). Se pone a hervir medio kilo de brécol durante veinte minutos. Lo sacamos e introducimos medio kilo de macarrones, el tiempo de cocción recomendado. Se pochan en la sartén cuatro dientes de ajo y una guindilla, y a continuación se añaden las ralladuras de dos naranjas (maravilloso olor) y el brécol cocido, hasta que la pasta está lista. En ese momento añadimos a la sartén el zumo de las dos naranjas y lo dejamos reducir lo justo para añadirlo a la pasta escurrida, darle un par de vueltas en la cacerola sobre un fuego alto, para que se mezcle, y servir. Es una receta de una amiga terrone (and proud to be), o más bien de su mamma, así que no me la desvirtúen poniéndole ketchup.
Molodezhnaya es el nombre de una estación polar rusa, entre las regiones antárticas de la Tierra de la Reina Maud y la Tierra de Enderby. Yo he sido un tipo de mucho mirar mapas, por aburrimiento más que otra cosa, y en dos ocasiones a lo largo de mi vida de miramapas me ha ocurrido que un nombre, un sitio visto apenas de pasada, se me pega a la memoria y ya no me suelta, se convierte en una especie de lugar (poco) común del discurso interior, no sé cómo explicarlo pero me pasa que, si me preguntan en qué pienso y respondo que en nada, muy probablemente estaba pensando en Molodezhnaya... o en Alice, Australia, que es el otro caso.
contiene macarrones, a ser posible arrugados, mejor de colores, y luego todo lo demás: tacos de queso fresco, lechuga y tomate, tacos de piña en almíbar, soja, zanahoria rallada, pasas, tacos de jamón york, migas de atún, cebollitas, gajos de mandarina y maíz. Se aliña con sal, aceite y limón (jamás con vinagre) y se come fría. Ante todo hay que evitar que los macarrones estén calientes y lo demás a temperatura ambiente, para lo cual los lavaremos con agua fría durante un rato antes de mezclarlos. El recipiente tiene que ser gigantesco. Esto es muy importante porque, si somos golosos, seguiremos añadiendo de todo durante un rato después de haber terminado de preparar la receta original, y luego no va a haber manera de remover los ingredientes sin poner el suelo de la cocina perdido.
Es ésta una película que ha pasado medio de tapadillo (por lo menos a mí)por la cartelera nacional, que ahora desemboca en los vídeoclubs con un título malísimo (Olvídate de mí) y con una carátula con mueca de Jim Carrey que más bien invita a alquilar cualquier otra cosa o a no alquilar nada en absoluto y confiar tu velada a Antena 3. Hay que ser un tipo medianamente avisado (y yo no lo soy) para identificar entre los créditos a Charlie Kaufman, el autor de Being John Malkovich y Adaptation, esto es, un genio.
El medio poema del que voy a hablar es el mío, que está a medio o más bien a un cuarto. ¿El de los buceadores? No, ése sigue donde lo dejé, me refiero al nuevo. ¿Que tienes uno nuevo? Sí, amigos, ya lo comenté hace tres o cuatro semanas: tengo un poema nuevo. Habla de cómo la velocidad, según la teoría de la relatividad especial de Einstein, implica más movimiento en el espacio y menos en el tiempo. Es decir, que la velocidad congela el tiempo con respecto a los objetos más lentos. Y todo esto lo cuenta un personaje tipo Travis, ya saben, el de París, Texas. Aún no tengo decidido dónde colocar a este Travis exactamente pero lo visualizo detenido en la cuneta, mirando cómo se pone el sol mientras una voz en off va contando el poema, o algo así. Se admiten sugerencias, como siempre, vía comentarios al post.
Sarajevo es una ciudad, como todas, hecha con un alto número de materiales distintos, digamos piedras y adoquines para casas y calles, cal para las paredes de las mezquitas que pusieron los turcos, mármol para los palacios austrohúngaros, hormigón (mucho hormigón) para los bloques de viviendas de la época comunista, cristal y madera, plástico aislante donado por el PNUD durante el cerco para cerrar aun de forma precaria las ventanas, asfalto (no tanto como el que desearían los sarajevitas), y etcétera etcétera. Uno de los materiales más utilizados, además, es la poesía, los poemas. Cómo explicarlo. De la misma forma que la luna en sí es poco más que una insulsa bola de piedra y polvo si le sustraemos todo lo que en ella reflejamos nosotros, el género humano, la ciudad es el resultado de la fórmula ciudad + poemas que surgen de ella y a ella van a parar. Y eso es mucha poesía, créanme.Plantilla basada en http://blogtemplates.noipo.org/