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Estimado público, personas, animales, cosas, entes espirituales, (pido disculpas si su opción no ha quedado reflejada), ante todos ustedes se presenta Horacio, un humilde servidor, y los saluda.
Una de dos: o me he armado un lío espantoso colocando el contador o sólo tengo cuatro visitas, que si tenemos en cuenta que yo mismo he visitado la página unas veinte veces para ver los bonitos tonos de verde que he aplicado a las fuentes... Digamos que no sólo soy el poeta menos leído de España, sino el autor de bitácoras menos leído del país. En cualquier caso no son éstos dos géneros para multitudes, todo se andará, etcétera etcétera.
Macarrones con patas y antenas, con partes blandas y otras coriáceas, macarrones ensangrentados en cualquier caso, macarrones-tributo al dios, componen el menú del día chez Leopoldo María Panero.
Hoy tengo un día que ni yines ni yanes, ni energía ni cansancio, ni euforia ni tristeza. Un estado de ánimo del que todo puede derivarse, entonces: una tarde en blanco que es al mismo tiempo una tarde-punto de partida.
Lo que son las cosas... Se empeña uno vivo para comprarse una moto acorde con sus valores estéticos, y a los quince días la tiene que dejar en el taller, y un mes más tarde la moto sigue en el taller, y ya las excusas del mecánico van sonando un poco a ciencia-ficción, a novelucha barata, en todo caso a subgénero menor destinado a desaparecer entre las brumas de la historia de la literatura (a la que yo no pertenezco). Gran cabreo.
Por más que me escurra la neurona no consigo captar toda la gama de matices de ese constructo mental tan murciano: estar "de lo tuyo". Estar de lo tuyo es como entrar en un Nirvana ilimitado, sentarte a la derecha del Padre, en fin, como lo quieras ver. Uno lo único que tiene que hacer es llegar a estar de lo suyo, y ya entonces casarse, tener hijos, etcétera. Yo no estudié Económicas, pero la verdad, matarte durante entre cinco y diez años a estudiar, a continuación gastarte un testículo y medio en una serie de másters, posgrados y cursos especializados, para al fin venderle tu culo a una caja de ahorros de mierda y ponerte a trabajar en un pueblo perdido del Valle de Ricote, por poner un ejemplo, por 1000 € al mes, para que en el preciso momento en que empiezas a preguntarte por el sentido de la vida, pones la palabra "suicidio" en el Google, te sale panza y dejas de querer a tu novia, llegue alguien y te suelte algo como "alégrate, que ya estás colocado de lo tuyo"... Ahora que lo pienso, si lo mío es peor, si yo estudié Hispánica...
Ni idea de por qué le he puesto este título a este post, por el sonido será: tagliatelle ai funghi, qué bonito, ¿no?
No me gusta insistir, pero creo que el otro día no dejé clara la situación trabajo-poesía. Para un aprendiz de poeta que se precie de serlo (aunque tenga ya casi treinta taquitos), la poesía es un centro inaccesible en torno al cual se articula todo lo demás. También el trabajo. Ergo, para cualquiera de nosotros un trabajo es sólo una actividad periférica, intercambiable, puramente alimenticia, molesta y marginal. Dicho esto, los curritos que he tenido desde que tengo memoria:
Esa sería una posible forma en que me comería a mi Charo. O casi que mejor a la Matriciana. Con un buen Chianti, como decía el doctor Lecter. Qué rica.
Voy a insistir en mi poema de los buceadores, ése del que hablé ya hace unos cuantos posts y que en realidad está ya escrito, sólo que no en papel, falta que caiga y se instale en la serie de versos procedente, nada más, porque tras meses y meses de darle vueltas lo que tengo que decir en él ya lo sé. Ahí están los buceadores, paseando por el borde de una plataforma oceánica o algo así, ya sin prisas (yo los visualizo, digamos, volviendo a casa tras una jornada de trabajo), hablando de sus cosas (ese detalle un poco de ciencia ficción, ya dije), e imaginando una playa de arena seca, con un desayuno seco servido por muchachas secas, con ropa seca, etcétera.
Viernes... no veo la hora de que lleguen las seis o así, decir ahí os quedáis y largarme de aquí. Por delante de mí, el largo fin de semana sin GPS, ni camiones, ni órdenes de carga, ni escoceses cabreados al teléfono (por lo menos no al fijo, y espero que no al móvil del trabajo, crucemos los dedos). Plantilla basada en http://blogtemplates.noipo.org/