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Odio la tele. Y al mismo tiempo no puedo dejar de verla. Me ocurre lo mismo que con la Internet, el Carrefour, el McDonalds, etc etc, cosas que son pecado según los 10 Mandamientos para Poetas en Prácticas:
Sí, amigos, la polémica vende. He recibido por primera vez en mi vida de bloguero adolescente comentarios anónimos, en mi artículo del otro día. Estoy que no quepo en mí, pero me da la espina que la cosa se ha interpretado como una especie de ataque a una fauna a la que al fin y al cabo yo mismo pertenezco... No sé, yo estaba en plan coña, pero cierto es que el humor no es mi punto fuerte... Compañeros blogueros del mundo, os quiero a todos y cada uno desde vuestra insobornable diversidad, quede claro. Por si las moscas.
Preguntado Tom Wolfe por las razones que le hacen apoyar la invasión de Irak, esgrimió el argumento de que "los izquierdistas sustituyen el pensamiento por la indignación", como si la oposición a la guerra fuese un acto visceral, poco reflexivo e ilógico, ante una operación de ocupación fruto de una mente (pre) clara en posesión de una amplia dosis de sangre fría. Todo esto lo dice a lo largo del ciclo promocional de su última (y larguísima) novela, Soy Charlotte Simmons, tal vez para alejar la atención sobre la poquita calidad de la misma, que es un ejercicio vagamente satírico y escasamente creíble sobre los estudiantes de las universidades norteamericanas. Esta teoría tan yanqui que refleja el neoconservadurismo beligerante como portavoz de la luz de la razón en el mundo, y a los movimientos pacifistas como pandillas de hippies fumados entonando eslóganes demagógicos con faltas de ortografía la destruye, fulmina, derrumba, quema, reduce a polvo (y además sin proponérselo explícitamente) Javier Cercas con sus dos novelas bélicas, Soldados de Salamina y La velocidad de la luz. Esta última es la que acabo de leer y la que me ha hecho pensar en el absurdo de Wolfe que he comentado antes.
La verdad es que hay poemas por ahí que parecería que están agachados esperando a que pases cerca para saltarte encima y darte la vuelta-tirarte al suelo-romperte los esquemas (qué expresión fea, romperte los esquemas, ¿verdad?). Son los poemas-tigre y cada lector tiene los suyos y parece que (por lo menos a mí) te agarran más fácilmente cuando estás desprevenido. Hoy he encontrado uno. Me puedo considerar afortunado.
Son éstas dos cuestiones espinosas que la publicidad de Evax y Mousse de Chocolate Danone no consiguen despejar. Tampoco es que me importe mucho el olor de las nubes (aunque a mí me envolvió una nube, una vez en una montaña, y lo cierto es que sí olía a algo), pero el papel del poeta (de la mousse o de cualquier otro postre lácteo) me interesa algo, no por nada estoy en prácticas y aspiro a cumplir un día ese papel. Pero qué papel, se preguntarán muy retóricamente ustedes. Uf, pues ni idea, señoras y señores. No encuentro modelos válidos.
En fin, España va bien, España va mal, España va así así, España se destruye, España se construye, España y el efecto llamada, España y Yanquilandia, España y los maleducados de sus niños, etcétera etcétera... Nada de todo esto, sin embargo, es tan gordo como lo que está ocurriendo con lo en principio más secundario de todo: la ampliación del derecho del matrimonio civil a parejas homosexuales. ¡Señores, que tenemos a un país extranjero (el Vaticano) llamando a la desobediencia civil de nuestros funcionarios! ¡Y a la Santa Madre Iglesia exigiéndole al jefe de estado (el Rey) que actúe en contra del ejecutivo! ¿Por qué no hicieron algo así cuando se trataba de enviar al ejército a invadir injustificadamente un país y bombardear y torturar a su población civil? ¿Dónde está el problema, en que Pepe se case con Manolo, o en que Pepe se suba a un avión, arroje una bomba sobre la casa de Manolo matando e hiriendo mujeres y niños, agarre a los pocos supervivientes, entre ellos Manolo, los meta en una cárcel sin pruebas ni abogados ni cargos ni proceso, los desnude, les coloque una bolsa de plástico en la cabeza y los apile para echarse una foto junto a ellos? ¿Nos hemos vuelto todos majaretas? ¿Me he vuelto yo un poquito panfletario? Uf, tengo tantas y tantas preguntas...
He aquí una frase de las que pueden salir de la boca de cualquier padre o madre de cualquier extracción social, nivel cultural, universo referencial, etcétera. También podría salir de la suya, no se crea. Ser padre o madre es muy jodido, he pasado el fin de semana con dos parejas con niña (es decir, dos niñas en total) y bueno, he visto cosas que vosotros no creeríais, atacar naves en llamas más allá de Orión, por lo menos. Es alucinante el porcentaje de tiempo de vida que una cosa tan pequeña puede absorber de las dos personas adultas que la llaman hija: despertarse intermitentemente durante toda la noche para ir con ella, despertarse definitivamente a una hora muuuuuuy temprana de la mañana, prestarle una atención continua e ininterrumpida durante todo el día, luchar con ella a brazo partido y empleando toda la capacidad inventiva en componer nuevas estrategias que la convenzan para comer, guiar sus juegos, arrastrar de un lado a otro kilos y kilos de material relacionado con la niña (por no hablar del suplicio del carricoche), y un largo etcétera.
Poetas chinos de la dinastía Tang, en la curiosa edición de Visor, es uno de los últimos best sellers de la editorial (no conozco a poeta en prácticas que no lo tenga), lo menciono porque ha sido mi compañero de viaje este pasado fin de semana en Mojácar (se me ocurrió que no sería una mala idea revisitar a los grandes héroes del budismo y el confucionismo poéticos en medio del maremágnum infantil que me esperaba, y acerté). Ha sido un placer a pesar de que el editor tiene unas cosas de bombero (por ejemplo, dice de todos los poetas que utilizan un lenguaje muy sencillo y muy humano) que no le impiden salpicar las notas biográficas de historias estupendas: ahí te enteras de que a Li Po no le interesaba para nada la difusión de su obra y muchas veces escribía poemas para tirarlos inmediatamente al río y verlos flotar, lo cual no sé a ustedes pero a mí es una imagen que me fascina, o de que un verso sobre un soplo de brisa que llega a una torre le costó la cabeza a un poeta, porque el Emperador lo consideró un mensaje en clave incitando a la insurrección.
El principio de todo, el germen dañino que te acaba convirtiendo pasados unos años en un aprendiz de poeta, está en el terreno pantanoso que separa la infancia de la adolescencia: antes de los diez-once años yo creo que no hay ningún niño que diga que quiere ser poeta, y después muy pocos que lo confiesen abiertamente, ya se imaginarán. Cuando uno es pequeño pues juega al fútbol o a la playstation y ya está. Pero llega un momento (el 99% de los aprendices de poeta que conozco coinciden en esto) en que algo, un rasgo diferencial, una ligera desventaja con respecto al grupo (como pueden ser unas gafas, o un aparato de los dientes, o la tartamudez), te separan del mismo y te descarrilan: tú estás a este lado y los demás al otro, y por enmedio queda tu más o menos espesa timidez. Oh, la timidez, qué inmensa putada para un adolescente: cuando más ganas tienes de vivir y hacer burradas y conocer a toda la gente que puedas (y llevarte a la cama a toda la gente que puedas, reconozcámoslo), la pura timidez se te pone en medio y marca tu entrada al mundo de la literatura. La literatura es un sucedáneo de la vida. ¿De qué vida? De muchísimas, pero un sucedáneo.
La Resistencia (que no la resistencia) es un estado mental, como la lujuria o el Zen. Se puede hablar de ella durante horas y horas y horas, resumiendo se puede decir que la Resistencia consiste en mantenerse alerta y no dejarse arrastrar a la estupidez, o largarse cuando la estupidez marca un tono de sopor general que pone a los estúpidos a dormir. El problema de la Resistencia es que linda con la paranoia y las teorías conspiratorias tipo no voy a comprar nada de marca Hacendado porque me han dicho que Mercadona explota a pobres niños vietnamitas para fabricar paté, pero hay que tener en cuenta que el verdadero Resistente distingue perfectamente las consignas de la Resistencia auténtica de las otras resistencias falsas.
Tanta Résistance, tanta Résistance... y cojo ayer y me meto en el cine y me zampo La Venganza de los Sith con palomitas grandes: 5.50€ la entrada, 3€ las palomitas (a medias con mi compadre Tropovski, eso sí). Yo había hecho el propósito de no ir, de bajármela por Internet como mucho, de pasar de la megacampaña de márketing que nos envuelve como una placenta... pero llegó el domingo por la tarde, se dieron dos o tres circunstancias favorables (favorables a Hollywood, no a mí: que me había pasado el día durmiendo, que mi Charo trabajaba de noches, que estaba hasta las narices del sofá, que se me caían los libros de las manos) y ahí me tienes como un ceporro en la puerta del Rex (y encima enrolando a otros, un lo siento desde aquí, Tropo, por la faena).
Estoy pensando en jugar al sorteo ése de la ONCE que dan seis mil euros al mes durante veinticinco años. Yo, que tengo un pasado como agente de una casa de apuestas llamada Eurogol, no soy muy dado a las loterías y quinielas españolas, porque me parecen un aburrimiento absoluto: si sale tu número sale, pero ahí tu mente no tiene nada que decir, y en la quiniela, pues no mucha más interacción, que digamos. La única baza que pueden jugar es dar un premio sonado que despierte la esperanza del personal, y que le haga preguntarse (y ésta es la clave de muchos juegos de azar) qué haría con seis millones de euros, por ejemplo.Plantilla basada en http://blogtemplates.noipo.org/