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Poesía y Macarrones

A QUÉ HUELEN LAS NUBES Y PARA QUÉ SIRVE UN POETA

A QUÉ HUELEN LAS NUBES Y PARA QUÉ SIRVE UN POETA Son éstas dos cuestiones espinosas que la publicidad de Evax y Mousse de Chocolate Danone no consiguen despejar. Tampoco es que me importe mucho el olor de las nubes (aunque a mí me envolvió una nube, una vez en una montaña, y lo cierto es que sí olía a algo), pero el papel del poeta (de la mousse o de cualquier otro postre lácteo) me interesa algo, no por nada estoy en prácticas y aspiro a cumplir un día ese papel. Pero qué papel, se preguntarán muy retóricamente ustedes. Uf, pues ni idea, señoras y señores. No encuentro modelos válidos.

Por un lado está el poeta-catedrático que ha hecho de la poesía (también) su profesión, y tiene voz y voto en las disputas crítico-teóricas sobre la misma. Escribe en revistas, participa en mesas redondas, encuentros, simposios etcétera, prepara antologías (¡cuidao!), imparte clases y, un poco como de pasada, publica libros de poesía. Tiene enemigos literarios, representa a una corriente en concreto enfrentada a la de al lado, y ejercen el poder de encumbrar (es un decir) o sepultar a los miembros del resto de las estirpes, que detallo a continuación:


Por otro lado está el poeta-poeta, que no tiene nada que ver con la docencia ni con la Teoría de la Literatura, de lo cual estará muy orgulloso, y que compagina su poesía con una multitud de ocupaciones más o menos relacionadas, como son las colaboraciones con suplementos culturales, los artículos de opinión, la participación en mesas redondas, encuentros, simposios etcétera, la animación cultural, el cuento y la novela. Ésta es la clase de poetas que sufre más de estrés, porque su forma de vida no está en ningún caso asegurada y sí desde todas partes puesta en peligro por, o bien la inquina de algún poeta de la casta superior, o el golpe de suerte de algún poeta de la casta inmediatamente inferior.

Que es el poeta-joven. Es ya un tópico aclarar que la edad de uno no tiene nada que ver con que lo incluyan o no en esta categoría, pues hay poetas jóvenes de cerca de cincuenta años y otros de treinta y pocos a quienes nadie osaría llamar así. Se trata de gente que acaba de despegar, que ha ganado el premio X o ha publicado en la editorial Y o ha sido incluida en la antología Z, y que lo único que ansía es convertirse en un poeta-poeta. Este proceso nunca será rápido. El poeta-poeta tratará de alargar en todo lo posible dicho proceso, que sólo podrá avanzar mediante el favor de un poeta de la casta superior, gente que, dado que está más tranquila en su puesto, es más ingenua y tiende a valorar más lo que ella entiende por talento (que consiste en escribir de acuerdo a los cánones que predica desde su púlpito). No confundir, por favor, el poeta-joven con el poeta-en-prácticas.

Después tenemos a la infracasta, los parias, los poetas-malditos. Infinitamente denuncian la hipocresía de toda la situación, niegan su asistencia a las pocas mesas redondas, encuentros, simposios etcétera a los que aún, un poco por quedar bien, se los invita, trabajan en ocupaciones radicalmente alejadas de la literatura y clásicamente mal pagadas, y guardan un poquito más celosamente sus originales. Cumplen la función de ser los únicos poetas malos a los que todo el mundo puede llamar fácilmente mal poeta (porque no han aparecido por la mesa redonda, encuentro, simposio etcétera). De entrada caen simpáticos, pero después de la tercera o cuarta copilla suele aparecer el resentimiento y además ocurre en general que son, realmente, malos.

La diferencia entre pertenecer a una u otra casta, a lo mejor estoy insistiendo en una obviedad pero lo voy a decir, no viene dada más que por los conocimientos de retórica del sujeto y su nómina de amiguetes literarios, en ningún momento su grado de tigricidad, por llamarlo así, o la calidad de su conexión con la Poesía en mayúsculas, o su capacidad de cambiar el mundo a mejor a base de poemas, etcétera etcétera, tiene nada que ver aquí.

Y para terminar, flotando alrededor de todas estas castas, está el poeta-en-prácticas que hace lo que puede y que se pregunta para qué servirá un poeta y se responde que para nada o se responde algo parecido a esto (qué haríamos sin usted, don Roberto, qué haremos sin usted). Somos muchísimos pero un alto porcentaje, como es lógico, abandona.
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5 comentarios

yuré -

Excelente disección. Espero disculpes que ondee un dístico de Borges para abanderar el tema:

Un poeta menor

La meta es el olvido
yo he llegado antes

Ella y su orgía -

Señorito Horacio, se lo aclaro: "preview" o "prevista", para revisar un comentario antes de enviarlo.
"Sin duda alguna", que no me gusta repetirme y en mi comentario a este post lo hice.
¿Todo claro?
Muak.
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Horacio -

Señorita orgiástica: no acabo de entender lo de "preview" y "sin duda"

Ella y su orgía -

Una pena que en blogia no disfrutemos de "preview": me mata la repetición del "sin duda".

Ella y su orgía -

Qué grande Bolaño, y que pena lo pronto que se fue.
Yo odio el mundillo provinciano y claustrofobico de los "poetas".
Quienes escriben tu ya famosa poesía-tigre son, sin duda alguna, poetas-en-prácticas, y tú, sin duda alguna, perteneces a este ultimo grupo.

Me encanta leerte. Un beso.
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