MOLODEZHNAYA

Los topónimos, como todo el mundo sabe, dan un resultado brillante en poesía, pero pocas veces han sido empleados con tanta pasión, con tanta entrega y fe en sus propiedades no sólo poéticas sino mágicas como en la obra de Blaise Cendrars. La Prosa del Transiberiano es una oda vacía, una fanfarria de puro entusiasmo por la técnica y la incipiente globalización de principios del XX, de contenido escaso o inexistente, pero (y ahí reside la efectividad del modernismo europeo), las formas tienen una belleza hipnótica, un sentido en sí mismas, como si la palabra Molodezhnaya (digamos) hubiera quedado relevada de la obligación de designar la estación polar y fuera ahora cualquier otra cosa, algo que no conocemos pero que nos seduce... poesía, vamos. Puede que la poesía sea algo más, que esta banda de pirados se olvidara del resto de palos (el intimista, el moral, el social, etc), pero habiendo abierto una ventana como ésa, no importa mucho, ¿no?
Otra poeta asomada al balcón es Ángela Vallvey, alucinante su empleo de la matemática, la astrología y la toponimia marinera para componer paisajes de una belleza glacial, esculturas de hielo digamos, sobre todo en Capitanes de tiniebla y El tamaño del universo. Un regalito para el fin de semana:
En mis sueños
amar era lo mismo
que sembrar en el desierto,
con un sable desenvainado,
el durazno de mi corazón.
Ángela Vallvey - Inédito
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