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Poesía y Macarrones

KLADIM, KLADIŠ, KLADI, KLADIMO, KLADITE, KLADU (SE)

KLADIM, KLADIŠ, KLADI, KLADIMO, KLADITE, KLADU (SE) El título de esta entrada viene a cuento porque yo, donde aprendí a apostar, fue en Zagreb, República de Croacia.

Estoy hablando de apostar como un hombre, no de esas mariconaditas tipo quiniela, ciegos, gordo de navidad o sosolotos varias. Jugar a lo Dostoievski: visualizar al mismo tiempo la gloria del éxito y la angustia del fracaso, de quedarte sin dinero y sin explicaciones, volverte ludópata, etcétera etcétera. Esto no es un juego, señores. Esto es un Juego.

La pasión por esos paisajes es un rasgo definitorio de los pueblos eslavos y del chino. Lo que los mueve no es tanto la ilusión del dinero fácil, sino demostrar (sobre todo ante sí mismos) su valor. Es decir, lo que los mueve antes de caer en la ludopatía. Una vez que se es ludópata y sólo se juega porque si no te dan tembleques, ya no hay mucha sociología que valga. Un ludópata croata es igual a uno chino y a uno español y a uno de Madagascar, vamos. La enfermedad es la enfermedad.

En el mundo de las apuestas deportivas, que es a lo que yo le pego, además, existe la posibilidad de hacer tonta (outsmart, vamos) a la Casa. Tu cerebro cuenta. Por el rabillo del ojo ves que, en el programa del corazón que está viendo tu mujer, aparecen los jugadores del Madrid de fiesta en el cumpleaños de Ronaldo. El único que no ha asistido es Raúl. Es un buen momento para apostar por que Raúl marca el domingo. Y por que el Madrid pierde.

Si apuesta usted, hágalo para conocerse mejor. Manténgase siempre a salvo de la enfermedad. Y si gana, invíteme a una caña. Por el consejo.
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