MADCHESTER

Todo eso no podía haber pasado en otro sitio. Esta ciudad (puentes de ferrocarril y drogas baratas), cuna de la revolución industrial y de la era de los ordenadores, vio la primera demostración de fuerza de la clase obrera cuando, en plena guerra de secesión americana, los trabajadores de la industria textil se negaron a procesar algodón procedente de la Confederación hasta que no erradicasen el esclavismo, lo cual provocó la bancarrota de los estados sureños y, en última instancia, inclinó la balanza a favor de la Unión. El discurso de agradecimiento de Lincoln es bastante memorable.
Nunca un lugar tan feo ha producido tantas maravillas.
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