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Poesía y Macarrones

MAURICE RIORDAN - TIEMPO MUERTO

Así es la vida moderna
Stephen Dobyns

Los dos pequeños cenados, bañados, en cama, leídos y cantados. Durmiendo.
El momento de estirarse en el sofá. El momento de un cigarro.
Cuando ve que no le quedan. Ni un pitillo.
Agarra unas monedas, se queda escuchando, duda un momento antes
De abrir la puerta con cuidado. Y echa a correr hacia la tienda.
Y ahí se pisa un cordón, y va a parar al camino de un taxi que está cambiando de sentido.
El chirrido de los frenos se simultanea con su grito.
Al tendero somalí, que es quien llama a la ambulancia, le suena
La cara, pero no, ni nombre ni dirección, simplemente un tipo
Que entra a veces, siempre con críos (esto no lo dice).

El siniestro es de máxima gravedad y el varón blanco, de unos treinta,
sin afeitar, con las zapatillas rotas, no va a ninguna parte. Está muerto.
A eso de la medianoche, un ordenanza le registra los bolsillos: 2,50₤ en monedas,
Un llavín, dos castañas, una manopla, trozos de papel,
Algunos escritos, pero sin cartera, carné, ni agenda.

A eso de las 2 a.m., lo ponen en el refrigerador, con una etiqueta numerada.
A eso de las 3 a.m., un niño se despierta, llora, llama a gritos.
Pero tras diez minutos, inusualmente, se vuelve a dormir.
Inusualmente, su hermano mellizo sigue durmiendo hasta las seis,
Momento en que ambos se despiertan, activos, llamando a dada, dada

Por suerte han dormido bien, aún están secos, canturrean y hacen como que leen en la penumbra
Hasta que uno se desliza hasta el suelo, va a trompicones al dormitorio principal,
Mira la cama, vacía y deshecha, y dando tumbos se dirige a la escalera,
Ahora seguido por el otro, menos estable, que tropieza a mitad de camino,
Con lo que los dos bajan rodando los último cinco escalones, gritando,
Pero el correo, al entrar por la ventanilla, los distrae: todo propaganda,
y por lo tanto pesado, colorido, brillante e ilícito. El tiempo pasa.
Las nueve: hambrientos, sucios, sintiendo ausencia y extrañeza
Irritables y lloriqueando, descubren que la tele
Está puesta aún, con los 17 canales a su disposición.
El Parlamento italiano, luchas de sumo, el Grand Prix de Austria,
La ópera, el anuncio de Parcel Force, pasan hasta las nueve y media,
Que es cuando la desgracia se dispara y empiezan los compactos gritos en estéreo,
Lo bastante incesantes e inhabituales como para llamar la atención
A la farmacéutica francesa jubilada de la casa de al lado

Quien a eso de las diez saca un palo de escoba por su ventana
Y golpea la de ellos, creando mágicamente un silencio que dura
Lo justo para que la mujer escriba la lista de la compra,
Saque dos billetes de diez del congelador, cierre sus puertas,
Mueva la cabeza con disgusto ante las botellas de leche sin recoger, y se marche a la parada del autobús.

Saltemos hasta las 10 p.m., hasta el desenlace de la pesadilla…
No, salgamos ahora mismo de esta historia, porque eso es lo que es:
Una fantasía hitchcockiana, un ensueño ocioso (pero inspirado por una noticia,
Un guión de relojería: pasaron cinco días hasta que un niño de tres años
Fue encontrado junto al cuerpo de su papá irlandés, en Northolt).
Hagamos que este papá entre y salga de la tienda, cruce la calle sin peligro,
Vuelva sin peligro a su casa, con un par de libras menos, pero con revistas de la tele
Y diez Silk Cut, en el sofá: aliviado, liberado, relajado,
Pensando que ya es hora de cambiar de zapatillas, de afeitarse la barba, de plantearse
Un cambio completo de peinado. La hora tal vez de dejar el tabaco.
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2 comentarios

Horacio en persona -

Pues ahora que lo dices... a mí también me da un poco de tiricia. Mejor "pitillo", ¿no? Lo que pasa es que nosotros no tenemos tantos sinónimos para "cigarrillo".
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josé -

Sigue traduciendo, que los francófilos lo tenemos algo difícil con el inglés.
(pequeña sugerencia: el sustantivo pito del verso 3, no sé, me rechina un poco).
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