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Poesía y Macarrones

PASTA PASTOSA

PASTA PASTOSA Una de dos: o me he armado un lío espantoso colocando el contador o sólo tengo cuatro visitas, que si tenemos en cuenta que yo mismo he visitado la página unas veinte veces para ver los bonitos tonos de verde que he aplicado a las fuentes... Digamos que no sólo soy el poeta menos leído de España, sino el autor de bitácoras menos leído del país. En cualquier caso no son éstos dos géneros para multitudes, todo se andará, etcétera etcétera.

Estoy de nuevo en el trabajo, tengo mi rato para comer (que aprovecho para escribir esto), abro mi tupperware-imitación (comprado en el Mercadona) y ah, oh: macarrones. Deliciosos. Sólo que en la oficina no hay microondas y están más fríos que la pata de Perico, pero aún (porque a estas horas hay hambre) consiguen hacerme la boca agua. Llevan cebolla, atún, tomate y queso rallado, lo que yo llamaría el modelo clásico. Según mi mujer, para merecer tal denominación tienen que llevar también rodajitas de aceituna, si no, se quedan en modelo básico. Para mí el modelo básico incluye sólo atún y tomate solís, en cambio.

Leo a Blanca Andreu y pienso en Elphistone y en los años setenta. Sigo adorando a Blanca Andreu. Estoy absolutamente seguro de que el modelo básico de sus macarrones incluye hipocampos y sándalo, y beleño, y que en lugar de parmesano utiliza algún compuesto lisérgico.
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