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Poesía y Macarrones

OH FILI, OH GALATEA, OH EUDORA

OH FILI, OH GALATEA, OH EUDORA A todos esos poetas bucólicos que hacían horas extras como pastores en el siglo XVI para que les cuadraran las cuentas a fin de mes, a todos esos vagos que pensaban que lo sabían todo sobre ovejas y cabras y mitología grecolatina pero luego resultaba que en realidad sólo entendían de mitología grecolatina y los rebaños se escapaban o se los robaban delante de sus narices mientran componían églogas (oiga, aquí dice bien claro en su currículum que usted ha trabajado de pastor quince años, cómo que me está mezclando a estas alturas churras con merinas), al hatajo de porretas y hippies del soneto que se la pasaban por los campos de Arcadia suspirando de amor por unas Fili y Galatea y Eudora que habían visto una vez al salir de misa hacía seis meses, de lejos y de espaldas y que por supuesto no habían reparado en la existencia del poeta pero si lo hubieran hecho habrían fruncido el rosado ceño con asco, a la panda de naturistas asexuados que pasaban el día tumbados en los prados mirando al cielo contándose unos a otros el tamaño de las tetas de sus amadas y contando sílabas y acentos para sonar más italianos y erasmistas y típicos hombres del Renacimiento, a todos ésos me gustaría a mí verlos metidos en una oficina de nueve a nueve bregando con tres llamadas a la vez para pagar la puta hipoteca de un piso de VPO en Molina de Segura y la letra de un Seat Ibiza gris metalizado que ya ha empezado a dar averías, con una mujer real al lado que igual te ilumina el día que te lo deja en sombras pero en cualquier caso te obliga a bailar de puntillas todo el rato, con tres churumbeles que son tu alegría pero piden más que la ONU y no sólo dinero como el organismo internacional sino atención constante más allá de la muerte, y visitando semanalmente el Carrefour y viendo Mujeres desesperadas cada noche y notando cómo el porcentaje de retención de Hacienda va aumentando mes tras mes poquito a poquito pero seguro seguro de forma sólo comparable a la manera en que aumenta el tiempo de espera en la retención de tráfico que frena tu llegada al trabajo todas las mañanas (y adelanta la hora a la que te despierta ese bonito pito que emite tu móvil). Oh Fili, oh Galatea, oh Eudora: aquí, buscando aparcamiento en el puto Carrefour a las ocho de la tarde de un sábado cualquiera, con tres críos detrás pegando gritos, mirándome con una décima del amor con que me mira mi mujer desde el asiento de al lado, os quisiera yo ver, hatajo de golfas arrastradas.
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1 comentario

Baldanders -

Horacio, yo le recomendaría el Plus. Siempre hay lugar donde aparcar. Y es más barato.
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