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Poesía y Macarrones

ODIO A LOS HARE KRISHNA

ODIO A LOS HARE KRISHNA He encontrado un blog bastante gracioso que se llama Odiolitos (una página sobre lo que Litos odia). La idea es muy buena: en cada entrada se despacha a gusto sobre una de esas cosas que, como dicen los anglosajones, amamos odiar. Las gafas de pasta, Björk, Ámelie, las bodas o los vegetarianos van siendo triturados con una rabia acojonante. Con una rabia muy sana.

Porque odiar es de lo más sano. Jamás he confiado en esa gente que, empachada de filosofías orientales (más bien horientales), imposta una interioridad impoluta y declara no odiar nada ni a nadie. Perfect sunshine of the spotless mind. Mis cojones. Un tipo que no odia es un tipo que no ama, ése es el circuito y ésa es la lucha. ¿Qué aman estos pseudobudistas por la senda del nirvana? ¿Las flores? ¿Los riachuelos procelosos? ¿La armonía de todo lo creado? De hecho, el nirvana se define como la confluencia del bien y del mal, la desaparición definitiva de todo amor y todo odio: la paz infinita. Es decir, estar muerto. Se supone que los budistas se reencarnan indefinidamente hasta que alcanzan la pureza suprema, ¿no? Pues ahí lo tienen. Para quien lo quiera, el nirvana ése. Si me pierdo, no me busquen en Lhasa.

Odio a la gente que no odia nada. Y con esto inauguro la sección ODIO, que espero que disfruten.
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