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Poesía y Macarrones

TRES NOVELAS

TRES NOVELAS

No hace falta que yo insista en ello, está claro que uno de los grandes placeres es agarrar el sueldo recién cobrado y meterse en la librería (los murcianos tenemos para eso a Diego Marín, que es uno de los mejores libreros de España) a consumir consumir consumir. Evidentemente yo hice eso el sábado, y me traje Ampliación del campo de batalla, de Houellebecq, que es lo último que me quedaba por leer de él tras Las partículas elementales, Plataforma y Lanzarote; Criaturas de la noche, de Lázaro Covadlo, y Cazadores de luz, de Nicolás Casariego. Nada de poesía esta vez (aún tengo que digerir el Milton: un poema, de Blake). En total 36 euros la bromita, por culpa del puto Premio Nadal de Casariego (19€), pero merecen la pena hasta el último céntimo.

En Ampliación del campo de batalla aparecen todos los elementos con los que Houellebecq ha ido montando su obra posterior (ésta es su primera novela): un odio visceral por los urbanitas occidentales, una buena dosis de información sobre las tendencias de la tecnología y la ciencia, un pesimismo absoluto sobre el futuro de la humanidad, una afición sin límites al sexo como arte y liberación y un humor negro negrísimo (pero es que renegrísimo) capaz de hacer tragar con carcajadas todo el cóctel. Se le ha comparado con el Camus de El extranjero, pero el oranés se queda a la altura del Barco de Vapor comparado con este tipo, siempre señalándonos el horrible cadáver de nosotros mismos que tenemos todos enterrado en el jardín, por decirlo así. Al menos sigue creyendo en el sexo como liberación...

Criaturas de la noche es una especie de Fausto moderno en el cual una misteriosa pulga se introduce en el cerebro del gris protagonista para conducirlo por los caminos del glamour, el éxito, el poder y las mujeres, para lo cual le dicta en cada momento lo que tiene que decir o hacer. Por supuesto, la pulga va tomando poco a poco el control... ésta no me la he acabado, así que no puedo sacar conclusiones aún. Lo que sí es cierto es que me estoy partiendo el pecho con ella, y mi mujer igual.

Cazadores de luz es una mezcla entre THX1138 y Fahrenheit 451, en todo caso una novela de ciencia ficción de Liga de Campeones, quiero decir, de la misma categoría que los grandes clásicos del género de todo el siglo pasado y del actual. Todo ocurre en un mundo hipotético donde las tendencias de ahora hacia la plutocracia y lo visual han triunfado definitivamente. Un ingeniero en ventas se ve envuelto en una serie de conflictos (relacionados con el amor, la lealtad, la búsqueda de libertad...) que en la novela aparecen como cosas del pasado, antigüedades inconfesables a las que no es fácil dar salida. La novela es muy visual, y consigue establecer una estética futurista deslumbrante, mediante el recurso a una enfermedad ocular del protagonista que le impide captar los colores... Yo creía que cosas así no se escribían en España ni en nuestro ámbito cultural (latinoamérica, Portugal), así que doble sorpresa: por la calidad del libro y por no ser una traducción. Coloco la foto de Casariego ahí porque se lo merece.

FIN DE SEMANA AL DENTE

FIN DE SEMANA AL DENTE

Viernes... no veo la hora de que lleguen las seis o así, decir ahí os quedáis y largarme de aquí. Por delante de mí, el largo fin de semana sin GPS, ni camiones, ni órdenes de carga, ni escoceses cabreados al teléfono (por lo menos no al fijo, y espero que no al móvil del trabajo, crucemos los dedos).

Y ustedes se preguntarán: ¿cómo pasa sus fines de semana un poeta?, y yo les agradezco que me llamen poeta en sus preguntas retóricas, porque en realidad sigo en el estadio de aprendiz de poeta, y les adelanto la respuesta: tengo que -mañana- sacar todos mis libros de mi antigua casa y traerlos a la nueva. Eso por la mañana. Después iré (muy previsiblemente) a comer a casa de mis suegros. A continuación posible siesta, y tareas domésticas: limpieza integral de cuarto de baño y cocina (polvo, superficies y suelos), puesta de lavadora con consiguiente secadora, doblado y guardado (jamás planchado) de ropa. A esa altura de las ocho de la tarde preveo negociación con mi Charo: qué vamos a hacer esta noche. Ella votará por quedarnos en casa y yo por irnos a recorrer los bares de Murcia hasta cerrarlos todos, emborracharnos, drogarnos y fumarnos todo lo combustible, perder el sentido en algún after y despertar en el suelo, el domingo a la hora de comer, sin saber dónde ni cuándo, cómo ni por qué. Total, que nos quedaremos en casa. Iremos al Mercadona, cocinaremos algo rico para cenar, alquilaremos una peli que no veré porque me quedaré frito... Y luego el domingo, pereza, El País, paseos con los perros, comida china, novelas que se me caerán de las manos, más películas del vídeo, en fin en fin.

Nada de paseos por el lado salvaje, nada de experimentos con toxinas, nada de encuentros de confraternización etílica con (otros) poetas malditos. Si Rimbaud levantara la cabeza y me observara, me diría muy probablemente mon petit burgués, dedíquese a sus hipotecas y deje en paz a la poesía. En cambio, mi bienamado Carver se apiadaría de mí. No mencionaría para nada la palabra burgués. Me enseñaría (de hecho ya me ha enseñado) a dedicar los libros: coge uno el nombre de la mujer que ama, lo multiplica por cuatro y lo planta tal cual. No hace falta más: Charo. Charo. Charo. Charo.

MÁS SOBRE LOS BUCEADORES

MÁS SOBRE LOS BUCEADORES

Voy a insistir en mi poema de los buceadores, ése del que hablé ya hace unos cuantos posts y que en realidad está ya escrito, sólo que no en papel, falta que caiga y se instale en la serie de versos procedente, nada más, porque tras meses y meses de darle vueltas lo que tengo que decir en él ya lo sé. Ahí están los buceadores, paseando por el borde de una plataforma oceánica o algo así, ya sin prisas (yo los visualizo, digamos, volviendo a casa tras una jornada de trabajo), hablando de sus cosas (ese detalle un poco de ciencia ficción, ya dije), e imaginando una playa de arena seca, con un desayuno seco servido por muchachas secas, con ropa seca, etcétera.

¿Qué les parece? Yo ya digo que a veces me parece sublime y otras un asco. Sea como sea, le falta el ingrediente secreto, el mascarpone por llamarlo así, ése que sí contienen las mejores novelas de Kerouac o Camus o Cortázar o Houellebecq o Bolaño y que te fuerza a replantear el mundo, cambiar de vida, largarte al Tibet etcétera etcétera. Exclusivo de la novela, el elemento "bofetón" es el que me gustaría importar a mi poema de los buceadores (a todos mis poemas, en realidad). Obligarlos a todos ustedes a hacer las maletas, es de lo que se trata. Y eso a base de poemas.

CHARO A LA BOLOÑESA

CHARO A LA BOLOÑESA

Esa sería una posible forma en que me comería a mi Charo. O casi que mejor a la Matriciana. Con un buen Chianti, como decía el doctor Lecter. Qué rica.

Su único defecto (aunque quién te dice que no es su mejor virtud) es su casi impermeabilidad a la poesía. Ni que decir tiene que le he escrito docenas de poemas de amor perdurable-más-allá-de-la-muerte, pero ella simplemente no los registra, no es que no se acuerde de lo que dicen, es que no recuerda ni que fueron escritos. A veces me suelta un pues algún día podrías escribirme algún poema a mí también que me deja acojonado. ¡Si le he escrito trescientos! Para mí ese listón (lograr entrar con mis versitos en la extraña memoria de mi Charo) es más difícil que el de la crítica o el del público (que no tengo). Hasta la fecha, el único poema que mi mujer considera digno de tal nombre es éste. Algún día, sin embargo, cuando sea por fin un poeta de verdad, le haré yo un poema que le pondrá de punta todos (y digo todos) los pelos del cuerpo. Y a ustedes.

Ayer dije que la poesía es un centro alrededor del cual el resto de la vida del aprendiz de poeta gira y gira. Es cierto, pero con la excepción de mi Charo. Charo ya está allí en el centro, es una musa con enormes gafas de pasta. Charo no gira en torno de la poesía, más bien la administra. Charo es la gobernadora del estado de Gracia y sobre su mesa hay un teléfono rojo. Que tiene línea directa conmigo.

FUSILLI AL PESTO

FUSILLI AL PESTO

No me gusta insistir, pero creo que el otro día no dejé clara la situación trabajo-poesía. Para un aprendiz de poeta que se precie de serlo (aunque tenga ya casi treinta taquitos), la poesía es un centro inaccesible en torno al cual se articula todo lo demás. También el trabajo. Ergo, para cualquiera de nosotros un trabajo es sólo una actividad periférica, intercambiable, puramente alimenticia, molesta y marginal. Dicho esto, los curritos que he tenido desde que tengo memoria:

1/Actualizador de contratos de Repsol
2/Portero de bar
3/Pinchadiscos de (el mismo) bar
4/Pinchadiscos de Disco-Pub (uf)
5/Repartidor de publicidad (ay)
6/Profe de apoyo
7/Camarero de banquetes
8/Chico del cambio en una sala de tragaperras (ugh)
9/Profe de español para extranjeros
10/Lector de español (el mejor)
11/Mecanógrafo
12/Croupier de ruleta americana
13/Agente de una casa de apuestas
14/Operador de transportes internacionales

Si le quitamos la numeración puede salir un poema beat a lo (una reverencia por favor) Charles Bukowski. Sólo lamento no haber trabajado en un buen restaurante italiano: primero algo de antipasto, jamón y ensalada de pulpo o algo así, después, fusilli al pesto genovés, después, ossobucco brasato (con una botellita de tinto del Piemonte), después de postre, tiramisú por supuesto. Un ristretto, una copita de limoncello y un Cohiba, y a silbar que la vida es bella. A seguir dando vueltas, que para eso somos satélites.

TAGLIATELLE AI FUNGHI

TAGLIATELLE AI FUNGHI

Ni idea de por qué le he puesto este título a este post, por el sonido será: tagliatelle ai funghi, qué bonito, ¿no?

En realidad yo de lo que quería hablar es de mi poema de los buceadores. Llevo con él, dándole vueltas y vueltas en la cabeza, desde diciembre. Salen unos buceadores, desplazándose a su peculiar manera por el fondo del mar, y pensando en sus cosas. Pero me he acostumbrado hasta tal punto a pensar en él que dudo que algún día pueda sentarme a escribirlo (el último paso del proceso). A veces me digo que es malo. Otras, que es un plagio de Justo Navarro (a quien adoro como poeta, no tanto como novelista, y quien me ha enseñado un alto porcentaje de todo lo que sé). Otras, que es tan bueno que me va a abrir las puertas del Hiperión, la fama y el dinero. Pero sigue por ahí dentro, debajo del mar, y la verdad es que a este ritmo de meses y meses por poema no voy a acabar un libro ni para dos mil quince.

Los buceadores hablan entre sí (un detalle un poquito de ciencia ficción, la verdad), y se dicen que si siguen adelante no es ya por los tesoros submarinos ni las cuevas de coral, sino por la imagen de una playa de arena seca, el desayuno servido por bellas muchachas polinesias y ropa recién planchada. Todavía no sé el final.

ESTAR "DE LO TUYO"

ESTAR "DE LO TUYO"

Por más que me escurra la neurona no consigo captar toda la gama de matices de ese constructo mental tan murciano: estar "de lo tuyo". Estar de lo tuyo es como entrar en un Nirvana ilimitado, sentarte a la derecha del Padre, en fin, como lo quieras ver. Uno lo único que tiene que hacer es llegar a estar de lo suyo, y ya entonces casarse, tener hijos, etcétera. Yo no estudié Económicas, pero la verdad, matarte durante entre cinco y diez años a estudiar, a continuación gastarte un testículo y medio en una serie de másters, posgrados y cursos especializados, para al fin venderle tu culo a una caja de ahorros de mierda y ponerte a trabajar en un pueblo perdido del Valle de Ricote, por poner un ejemplo, por 1000 € al mes, para que en el preciso momento en que empiezas a preguntarte por el sentido de la vida, pones la palabra "suicidio" en el Google, te sale panza y dejas de querer a tu novia, llegue alguien y te suelte algo como "alégrate, que ya estás colocado de lo tuyo"... Ahora que lo pienso, si lo mío es peor, si yo estudié Hispánica...

Pero no, no quería yo seguir por la vía de la autocompasión (para eso ya está Amado Nervo). Lo que me pregunto es a qué estardelosuyo puede aspirar un aprendiz de poeta como yo, a estas alturas, al borde de los treinta y de la calvicie. ¿Qué haré para estar de lo mío? ¿Hay algún poeta que esté de lo suyo? Es sabido que Vicente Gallego ha trabajado durante mucho tiempo en un vertedero, y que de esto se ha construido una fama de poeta outsider que luego su círculo de amistades y su Santa Deriva se han encargado de arruinar. Me imagino que también yo, en mi larga y oscura época de croupier de ruleta americana, hubiera podido vender esa estampa: a veces, cuando es imposible estar de lo tuyo, estar justo en el extremo opuesto es lo más inteligente. Pero, ¿y ahora? ¿Cómo casan la poesía y los transportes internacionales? ¿Es posible un poeta-oficinista? Pessoa pudo, es cierto. Pero el maestro es el maestro.

LA VESPA

LA VESPA

Lo que son las cosas... Se empeña uno vivo para comprarse una moto acorde con sus valores estéticos, y a los quince días la tiene que dejar en el taller, y un mes más tarde la moto sigue en el taller, y ya las excusas del mecánico van sonando un poco a ciencia-ficción, a novelucha barata, en todo caso a subgénero menor destinado a desaparecer entre las brumas de la historia de la literatura (a la que yo no pertenezco). Gran cabreo.

Lo curioso es que mi devoción por las Vespas no disminuye (siempre tendré en la cabeza a Nanni Moretti recorriendo Roma subido en una, haciendo zig-zag sin manos por los barrios periféricos), creo que sufro una clase extraña de mito(moto)manía congénita o algo así.

Además, y sólo por seguir con la buena costumbre de enlazar a mis poetas favoritos, añado que las Vespas también me hacen pensar en Jacques Prévert, en los carteros, en la ciudad de Alicante y en el mes de junio, sabe dios (y los especialistas en semiótica y semiología) por qué.

YINES Y YANES

YINES Y YANES

Hoy tengo un día que ni yines ni yanes, ni energía ni cansancio, ni euforia ni tristeza. Un estado de ánimo del que todo puede derivarse, entonces: una tarde en blanco que es al mismo tiempo una tarde-punto de partida.

Ni que decir tiene que no hay absolutamente naaaaaaada de trabajo y además me he quedado solo en la inmensa nave, resguardado en mi pequeña oficinilla del rincón, escuchando el ruido que hace el viento al topar con la chapa metálica. Con la estufa encendida.

¿Qué voy a hacer? ¿Planes, o saltar? ¿Irme por el camino de Mark Strand? ¿O por el de Luis Alberto de Cuenca? Seguramente, intentar quedarme aquí, tomarme mi café y contemplar tranquilamente el derrotero que acabo tomando, cómo, aunque no quiera, me polarizo, y grandes corrientes de las que no sé nada me mueven hacia costas a medio cartografiar. O algo así.

PASTA PASTOSA

PASTA PASTOSA

Una de dos: o me he armado un lío espantoso colocando el contador o sólo tengo cuatro visitas, que si tenemos en cuenta que yo mismo he visitado la página unas veinte veces para ver los bonitos tonos de verde que he aplicado a las fuentes... Digamos que no sólo soy el poeta menos leído de España, sino el autor de bitácoras menos leído del país. En cualquier caso no son éstos dos géneros para multitudes, todo se andará, etcétera etcétera.

Estoy de nuevo en el trabajo, tengo mi rato para comer (que aprovecho para escribir esto), abro mi tupperware-imitación (comprado en el Mercadona) y ah, oh: macarrones. Deliciosos. Sólo que en la oficina no hay microondas y están más fríos que la pata de Perico, pero aún (porque a estas horas hay hambre) consiguen hacerme la boca agua. Llevan cebolla, atún, tomate y queso rallado, lo que yo llamaría el modelo clásico. Según mi mujer, para merecer tal denominación tienen que llevar también rodajitas de aceituna, si no, se quedan en modelo básico. Para mí el modelo básico incluye sólo atún y tomate solís, en cambio.

Leo a Blanca Andreu y pienso en Elphistone y en los años setenta. Sigo adorando a Blanca Andreu. Estoy absolutamente seguro de que el modelo básico de sus macarrones incluye hipocampos y sándalo, y beleño, y que en lugar de parmesano utiliza algún compuesto lisérgico.

MACARRONES CON PATAS

MACARRONES CON PATAS

Macarrones con patas y antenas, con partes blandas y otras coriáceas, macarrones ensangrentados en cualquier caso, macarrones-tributo al dios, componen el menú del día chez Leopoldo María Panero.

Nunca estaremos seguros de la opinión personal que le merece al poeta el mega-hype que envuelve su figura, ni hasta qué punto es consciente de que es ése un obstáculo que su poesía debe superar. Yo estoy convencido, en cambio, de que todas esas discusiones quedan muy lejos de su guarida, de su cocina de leña, donde los condimentos están guardados en probetas e instrumentos químicos, sin etiquetar:

LA MALDAD NACE DE LA SUPRESIÓN HIPÓCRITA DEL GOZO

«Jois e Jovens n'es trichaire
e malvestatz es d'aqui»

MARCABRÚ

Una cucaracha recorre el jardín húmedo
de mi chambre y circula por entre las botellas vacías:
la miro a los ojos y veo tus dos ojos
azules, madre mía.
Y canta, cantas por las noches parecida a la locura,
velas
con tu maldición para que no me caiga dormido, para que no me olvide
y esté despierto para siempre frente a tus dos ojos,
madre mía.

SIC TRANSIT GLORIA MUNDI

SIC TRANSIT GLORIA MUNDI

Estimado público, personas, animales, cosas, entes espirituales, (pido disculpas si su opción no ha quedado reflejada), ante todos ustedes se presenta Horacio, un humilde servidor, y los saluda.

¿Por qué sic transit gloria mundi? Porque estoy en la recta final, porque éste es el año (el 24 de noviembre) en que cumplo treinta. Porque no sé si la gloria, pero mi pelo está empezando a pasar (lentamente y sin escándalo) a la historia.

¿A la historia de la literatura? No. Soy el poeta menos vendido de España. Hay datos estadísticos que lo demuestran. En este punto, y por si fuera posible que así, sin apenas conocernos, ya haya logrado despertar en usted un atisbo de compasión, voy a colocar un bonito enlace a mi libro en una conocida librería española. Simplemente haga clic y tenga la tarjeta de crédito a mano: libro

En este pequeño volumen de color naranja yo hablo durante 40 páginas de las cosas que me interesaban antes de casarme: hacerme rico con mi poesía, vivir en Jamaica, sin trabajar, rodeado de muchachas sonrientes y amiguetes rastafaris, y degustar las especialidades vegetales locales. Se lo voy diciendo desde ya, para que luego no quede lugar a decepciones.

Por desgracia, algo del plan salió horriblemente mal, y ahora ocupo con mi mujer un pisito de 70 metros cuadrados en un barrio dormitorio de Murcia, y escribo cosas como ésta en los huecos del trabajo.

Y me quedan (insisto) nueve meses y quince días para cumplir los treinta, y la única excusa que me quedaba (todavía soy un poeta joven) pasará, como la gloria del mundo y mi escaso pelo, a la historia.

¿A la historia de la literatura? Definitivamente no.