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De vuelta al tajo, digamos. Será verdad aquello de que pero el viajero que huye, tarde o temprano, detiene su andar, supongo. Nos creemos sondas espaciales pero en el fondo no somos más que satélites. Nuestro destino consiste en volver.
El día once del corriente, Charo y yo regresamos de Madrid. Por la tarde, cruzábamos a ciento cincuenta la provincia de Albacete en nuestro Seat Ibiza, buscando canciones en la radio, bajo un cielo hermosísimo salpicado de nubes. Nubes así sólo aparecen en septiembre: duras, administradoras de un blanco perfecto inmune tanto al azul como a la luz dorada del sol. Respiré hondo.
Como entrar sin hambre al Bulli, como ir de luna de miel y no follar, como meterse en Diego Marín sin un duro en el bolsillo o estar de vacaciones (suspiro) y decir que no, que no te apetece el gintónic, que mejor te vas a la cama, los días como el de ayer (sin ver a amigos, sin escribir poemas, sin leer nada memorable, sin comer macarrones y por supuesto sin echar un quiqui) me producen un nerviosismo que, sin duda, los seres inmortales no sufren. Y luego lo mejor es que soy yo mismo el que se inflige estas torturas, yo quien se compra un bajo en una esquina cualquiera de su vida y pone una sucursal (franquiciada) de la Negra Muerte. Y se instala detrás del mostrador.
La nunca bien ponderada Red (o, como dicen los anglosajones, güé, es decir, la Interné) tiene estas cosas: uno empieza un paseo en el jardín de al lado de su casa y, a los tres pasos, está en el país de los monstruos, sin tierra debajo de los pies, cayendo por esa puerta abierta en el suelo que es siempre la literatura que merece la pena. A mí me ha ocurrido hoy, nada más abrir Milanesa y encontrarme un poema prodigioso de una tal Mori Ponsowy, todo lo cual me llevó a hacer el googleo y llegar a ese blog (al que me abono inmediatamente), donde me topo con una carta de Sharon Olds a Laura Bush que me pone los pelos de punta. Como ir a Australia en tres pasos, vamos, pero aprendiendo más.
Uf, qué resaca más inconveniente... Llevo toda la mañana acordándome del último gintónic que me bajé anoche, con esa pinta y ese limoncito y esos cubitos y esa espumilla que me decían: vamos, bébeme, soy inofensivo, soy tu amigo, ven. Traidor. Bicho dañino.Plantilla basada en http://blogtemplates.noipo.org/